Entre martillazo y martillazo, que el Santa Giulia Ice Hockey Arena ha llegado justito de tiempo, también hay espacio en Milán para todo el material de odontología que una competición de este nivel, aumentada con la llegada de la NHL, pueda requerir. Y además de escucharse ‘pinzette’ y ‘aspiratores’, un grupo de estos dentistas que trabajan 11 horas al día se entienden en castellano reforzando el grueso de especialistas italianos que se ocupan también de la sede -pista provisional- que se ha dispuesto en la Feria de la capital lombarda. 

Son seis españoles que han llegado a los Juegos Olímpicos en el momento de mayor bullicio, iniciada la competición femenina y con entrenamientos ya de la masculina, de la mano de la doctora Alba Ripoll, especialista en anestesiología y reanimación del Hospital Niguarda de Milán, que se puso en contacto con Manuel Máiquez, que cuida los dientes de Ilia Topuria entre otros deportistas, y que es profesor de odontología deportiva en la UCAM. «En realidad estos Juegos comenzaron para mí en 2015. Imparto esta materia desde ese año».

«Ripoll es la responsable médica de la sede que está en la Feria de Milán. Coordina a todo el equipo. Vive aquí y tiene mucha experiencia internacional. Fue gracias a ella» , cuenta Máiquez. Al murciano lo acompañan Alejandro de la Parte, Francisca García, Mike Saint-Hilaire, Marco Grande y Raquel Sanjuán, aunque estos dos últimos llegarán a Bormio para las pruebas técnicas del esquí alpino y el esquí de montaña. Todos con el sello de la Universidad Católica de Murcia. «El servicio para los olímpicos no se ciñe a las fechas de los Juegos. Abarca desde el 31 de enero hasta el 22 de febrero», aclara.

El hockey hielo arroja unas estadísticas, según estudios canadienses, de precaución máxima. Casi un tercio de los practicantes profesionales han tenido problemas bucales, pues el protector no es obligatorio, sólo recomendado. Y son muchos en Milán-Cortina. Se calcula que entre todas las plantillas suman 300 hombres y 230 mujeres. «A mi me ha tocado la atención médica sólo de los deportistas», aclara Máiquez. «Nuestra unidad está formada por un dentista, en ocasiones hasta dos, un traumatólogo, un médico de urgencias y un maxilofacial. Y por petición expresa del COI, el servicio tiene que estar dispuesto desde tres horas antes del inicio del primer entrenamiento -a las 7 de la mañana- y hasta dos horas después del último partido, que a veces está acabando a la 01.00».

El disco, que puede llegar a ser lanzado a más de 180 km/h se convierte en una bala. Está hecho de caucho vulcanizado y pesa 150-170 gramos. Además se congela para favorecer el deslizamiento lo que agrava su peligrosidad. John Moore, de los Rangers, perdió seis en 2013 en un impacto del puck en 2013 ante los Boston Bruins. Se contaba hace 50 años que algunos jugadores dejaban sus dientes postizos en café y marcaban las tazas con los números de sus camisetas.

Entre la élite en la actualidad, sólo en Japón, precavidos, es obligatorio el uso de una rejilla completa en el casco como la que usan los porteros en otros países. Pero en el resto, por comodidad, se deja al descubierto el tercio inferior o la zona peribucal. «Simplificándolo se podría decir que ellos priorizan no perder dientes respecto a Europa y Norteamérica. El hockey es un deporte muy espectacular, pero hay que tener en cuenta que los dientes que se salen del alveolo no vuelven a crecer. Hay que reimplantarlos lo antes posible. Y los protectores bucales no restan competitividad si está hecho a medida en la consulta de un dentista». 

Los percances más comunes, apunta Máiquez, son fracturas dentales, producidas por caídas en deportes como el esquí, el snowboard y el hockey. «Y problemas con las férulas y protectores bucales. Estamos preparados para poder fabricar tanto ‘boil and bite’, los que se calientan y se hierven para adaptarlos a la dentadura de forma inmediata y que pueda regresar a pista si lo ha perdido o deteriorado. Y también de escáner intraoral para fabricar protectores bucales personalizados en 24 y 36 horas para que tengan ese elemento de protección». 

Otros problemas podrían ser infecciones que se arrastraban o producidos durante el vuelo, pericoronitis o inflamaciones y dolor asociadas a las muelas del juicio que no han terminado de salir o descementado por golpes de coronas, fundas, carillas, empastes… En estas condiciones en las que se desarrollan estos Juegos, el frío agrava la sensibilidad dental». En grado extremo, ampliando el campo más allá de esta cita de 2026, también se está muy pendiente del Párkinson y el Alzheimer.

Apunta el doctor, que muchos deportistas se pueden ver exigidos a respirar por la boca, en especialidades como puede ser el biatlón, «y al final esto y las bebidas isotónicas favorece la erosión del esmalte y la aparición de la caries. Es un cóctel perfecto. Una infección oral puede aumentar la inflamación sistémica y que el deportista no duerma bien. Y luego está el estrés competitivo que perjudica el rechinamiento de dientes, el bruxismo; las contracturas mandibulares o el dolor orofacial. La caries y la enfermedad periodontal son patologías que están presentes en el 50 y tantos por ciento de los deportistas».

«Por ello», concluye, «hay, además, seis sillones odontológicos en la región de la Lombardía, una de las tres grandes zonas en las que se estructuran los Juegos, para percances de otros deportes», apunta el interlocutor en el día de Santa Apolonia, 9 de febrero, patrona de los dentistas. «Y que estemos nosotros aquí reivindica que España tiene sanitarios a nivel de cualquier potencia olímpica».

Fuente: Marca

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